Palabra de Reina…

Como mujeres, construimos comunidades, pero no somos sólo vecinas. La vida no es posible sin nosotras, pero no somos exclusivamente reproductoras. Construimos, y en muchos casos sostenemos solas nuestros hogares, pero no somos simples amas de casa. Como mujeres, representamos la mitad de la población mundial. Como tales, somos diversas, racializadas, empoderadas o doblegadas, respetadas o sometidas, valoradas o ninguneadas. Somos activistas, somos luchadoras, somos guerreras, y somos hermanas. Hemos crecido recibiendo la educación que el mundo tenía preparado para nosotras, escuchando desde muy pequeñas cuál es nuestro lugar, lo que se espera de las mujeres en las que nos convertiremos, lo que debemos aportar a nuestro hogar, a nuestra pareja, y a nuestra Nación. Hemos aprendido a prepararnos para lo que se espera de nosotras. Sin preguntar qué es lo que vamos a recibir a cambio. Respeto, escuchamos; Gloria a las Reinas, reza la literatura.

Como mujeres, hay algo que nos une desde que nacimos. Como Reinas, hemos elegido algo que nos une más todavía. En una sociedad que nos hizo crecer en competición – nosotras elegimos ser hermanas, apoyarnos, cuidarnos y respetarnos entre nosotras; alegrarnos con los logros de nuestras hermanas y buscar en conjunto solución a sus problemas.

Aprendimos también a defendernos de la injusticia – interna y externa – a tejer nuestra propia comunidad y a razonar bajo nuestro propio criterio. Luchamos cada día por un espacio propio que se nos ha negado tanto en las sociedades a las que pertenecemos como en la Nación que escogimos.

También aquí, entre nuestra gente escogida, se nos dio una educación a parte, se nos enterró en literatura inventada exclusivamente para nosotras y se nos negó durante mucho tiempo el conocimiento verdadero. Se nos dijo que no habíamos estado en los comienzos, se nos dijo que habíamos llegado después, como un extra, como un añadido. Se nos dijo que había reglas específicas para nosotras, las recién llegadas, las añadidas, la otredad. Las débiles, aquellas a las que hay que proteger y apartar del espacio público, por nuestro propio bien. Y durante mucho tiempo lo creímos, y caminamos por el sendero incómodo, estrecho y lleno de obstáculos, mientras al mirar a nuestro lado veíamos ese otro camino, también duro, sí, pero más amplio, más cómodo, más libre. Y empezaron a llegar las preguntas, el cuestionamiento, la sororidad y la independencia.

Y se hizo la luz, o mas bien, nos hicimos luz. Y aprendimos que para ser ser quienes somos no teníamos que seguir cumpliendo con normas inventadas, ni como imposiciones hechas a medida para nosotras.

Aprendimos que cuidándonos entre nosotras, cuidábamos de nuestra comunidad, de nuestra familia.

Pero también aprendimos a cuidarnos a nosotras mismas, a crecer a querernos y a progresar, porque nuestro progreso personal hace grande a la Nacion, porque cada persona es embajadora de su causa ante la sociedad, así que no hay mejor inversión, ni mejor forma de honrar a tu Nación, a tu gente y a tu causa, que siendo la mejor versión de ti y mostrando al mundo que los estereotipos están para romperlos.

Aprendimos, y seguimos aprendiendo, a volver a las raíces, a cuidar de nuestra tierra, a colaborar por nuestro propio progreso, que es el de nuestra amada Tribu.

Aprendimos a confiar, a valorar, a cuidar y a respetarnos como hermanas. Aprendimos que no somos seguidoras, somos lideres de nuestras vidas, nuestras comunidades y nuestra Nacion, y como líderes caminamos. Cabeza en alto, Corona arriba, al lado de nuestras hermanas, al lado de nuestros hermanos. Ni un paso por detrás.

Queen Maverick

Aprendimos a cuidarnos a nosotras mismas, a crecer a querernos y a progresar, porque nuestro progreso personal hace grande a la Nacion, porque cada persona es embajadora de su causa ante la sociedad, así que no hay mejor inversión, ni mejor forma de honrar a tu Nacion, a tu gente y a tu causa, que siendo la mejor versión de ti y mostrando al mundo que los estereotipos están para romperlos… Mi Respeto y Amor por quien de verdad se lo merece, «Queen Maverick»